jueves, 31 de diciembre de 2015

Match ball

Si la vida fuera un partido de tenis contra el destino, yo estaría en la bola de partido. Y ese punto se convertiría en el punto más largo de la historia de ese deporte. Un punto que llevaría a los contendientes a la extenuación, a la lucha contínua, derecha a derecha, por salvar el partido, durante meses.

Hace unas horas el destino dio uno de los golpes definitivos de esta larga contienda. Supe salvar la bola, pero parece que no todo lo bien que podría, lastrado por el cansancio, por la rutina del peloteo que hace perder los reflejos, por el dolor que provoca llevar tanto tiempo luchando y la inseguridad en uno mismo que produce el no poder solucionar el partido para bien de una vez por todas.

En el fondo, mi vida no es un sólo partido de tenis. Son varios y en todos ellos, por suerte o por desgracia, me encuentro en match ball. Me hallo en esa situación en la que la vida te pone encrucijadas por cada decisión que tomas. El barro se convierte en lodo y no das de sí para achicarlo. Los frentes se abren y todos tienen difícil desenlace. No soy amante de hacer conjeturas, ya las hice en su momento y el batacazo fue terrible, viendo como todos me pasaban por la derecha. Pero si juego a ser adivino, lamentablemente, tengo que decir que pocos puntos de los que están jugándose en mi partido contra el destino podré salvar.