La noche y los ratos de asueto, pocos, que tengo a altas horas de la madrugada son los que más sacan de mí la vena escritora. Son esas noches en vela sin nada mejor que hacer, aunque muerto de sueño, en las que uno le da rienda suelta a su prosa.
Escribir parece una vía de escape. Un modo de contar eso que no se puede contar a la gente porque no tienes tiempo de madurarlo bien en la acción de una conversación y que tampoco puedes plasmar en una red social, por el hecho de que expondrías tus entrañas al mercadeo común de chismorreos y correrías el riesgo de que, algún gilipollas que pone su ojo más en lo que hacen los demás que en lo que él mismo deja de hacer, te llamara sin venir a cuento al orden por escribir según qué cosas y con qué frecuencia en esos medios. Como si hubiera un límite prefijado o mi actividad fuera nociva para la salud mental del colectivo...
No tiendo a reprimirme a la hora de expresar mis sentimientos, en ningún medio. Ni en vivo y en directo, ni tecleando. Suelo ser incapaz de contener la necesidad de expresar mi opinión. Me considero extraño en ese aspecto. La gente, por lo general, prefiere vivir cómoda al abrigo del colchón que le supone el evitarse algún que otro lance por decir lo que piensa. Por otro lado, hay veces que, por no dejar de satisfacer a según qué personas hago cosas que, por otras a quién debería satisfacer de por vida como agradecimiento a su comportamiento hacia mí, no hago. Es algo que en el momento hago con una voluntad a medias. No me importa hacerlo, pero dentro de mí hay una voz que dice "no seas imbécil, no lo hagas, esa persona no lo haría por ti". Y al final lo acabo haciendo...Y me siento como la voz dentro de mí me decía que no fuera: Imbécil profundo.
Así pues, me siento con un déficit importante en el discurso fundamental de mi vida. Postulo y defiendo la claridad y transparencia en lo relativo a mis sentimientos. Pero en ocasiones actúo sin esa valentía que en otras ocasiones demuestro a la hora de dar una opinión. Sesgado por vaya usted a saber qué motivo, pero a fin de cuentas sin ser yo, o mi "yo original".
Ahora mismo es uno de esos momentos. Mi voz interna me pide descansar, pero yo no soy capaz de dejar de escribir con alevosía y nocturnidad. Dando pie a que los regidores de vidas ajenas tengan un motivo más para llamarme la atención por escribir de más, en horario inadecuado y con frecuencia excesiva.
sábado, 15 de noviembre de 2014
sábado, 4 de octubre de 2014
Brainstorming
Son las 02:37. Es tarde, estoy reventado, debo ir a dormir. Pero en cambio no me apetece. Hay algo dentro de mí que se remueve. Tengo una constante necesidad de decir algo, no se de qué manera. Hoy ha sido un día duro, dedicado todo entero a mis eternas labores.
Animicamente estoy bien. Mañana empiezan mis vacaciones. Pero no para de revolotear por encima mía la idea que hace ya unos meses alzó el vuelo. ¿Qué hago aquí?. ¿En qué punto me encuentro?. Es obvio que en uno de "no retorno". En medio de la encrucijada. Metido de lleno en un asunto del que, de forma casi cerril, he aceptado hacerme cargo desde el principio, sin atisbo alguno de duda, preguntándome muy pocas veces si serviría de algo.
El tiempo pasa muy deprisa. Últimamente, en este punto en el que me encuentro, echo la mirada hacia atrás y recuerdo aquel día en que entré por primera vez en aquel enorme edificio. Desde entonces, he entrado y he salido muchas veces de él, pero es como si realmente no lo hubiera hecho nunca. Atrapado desde entonces allí. Ha pasado de todo desde entonces. He perdido y he ganado cosas y personas muy valiosas. No puedo hacer un balance ni negativo, ni positivo. Pero no sigo como estaba al principio, en ninguno de los aspectos relativos a la vida normal de una persona, ni muchísimo menos.
Ahora, en esta encrucijada, en estos últimos cabos que quedan por deshacer de esta gigantesca maraña, el tiempo pasa deprisa y a la vez muy despacio. Os veo a vosotros, vestidos de verde y blanco. Y no me veo a mi nunca con vuestros mismos atuendos. La maraña no quiere deshacerse...Puedo decir que si bien mi vida es mucho más pausada y tranquila ahora que en todo este tiempo atrás, de momento, no está dejando de ser uno de los momentos más complicados de mi vida. Siento incertidumbre. Noto un poco más cada día la presión. Percibo que el trabajo no tiene todos sus frutos, o no puedo recogerlos con facilidad, lo que me irrita. Parece que cada día gano un poco, para perder otro poco. Es un equilibrio tan inestable. Nunca me había sentido igual. Nunca.
Son las 02:55. Parece que el sueño me va nublando las ideas. No he conseguido plasmar bien sobre el teclado cómo me siento. Tengo una tormenta de ideas azotando mi cabeza, como un tifón con toda su fuerza. Necesitaría días y noches para poder escribir qué es lo que se siente en esta situación...
Animicamente estoy bien. Mañana empiezan mis vacaciones. Pero no para de revolotear por encima mía la idea que hace ya unos meses alzó el vuelo. ¿Qué hago aquí?. ¿En qué punto me encuentro?. Es obvio que en uno de "no retorno". En medio de la encrucijada. Metido de lleno en un asunto del que, de forma casi cerril, he aceptado hacerme cargo desde el principio, sin atisbo alguno de duda, preguntándome muy pocas veces si serviría de algo.
El tiempo pasa muy deprisa. Últimamente, en este punto en el que me encuentro, echo la mirada hacia atrás y recuerdo aquel día en que entré por primera vez en aquel enorme edificio. Desde entonces, he entrado y he salido muchas veces de él, pero es como si realmente no lo hubiera hecho nunca. Atrapado desde entonces allí. Ha pasado de todo desde entonces. He perdido y he ganado cosas y personas muy valiosas. No puedo hacer un balance ni negativo, ni positivo. Pero no sigo como estaba al principio, en ninguno de los aspectos relativos a la vida normal de una persona, ni muchísimo menos.
Ahora, en esta encrucijada, en estos últimos cabos que quedan por deshacer de esta gigantesca maraña, el tiempo pasa deprisa y a la vez muy despacio. Os veo a vosotros, vestidos de verde y blanco. Y no me veo a mi nunca con vuestros mismos atuendos. La maraña no quiere deshacerse...Puedo decir que si bien mi vida es mucho más pausada y tranquila ahora que en todo este tiempo atrás, de momento, no está dejando de ser uno de los momentos más complicados de mi vida. Siento incertidumbre. Noto un poco más cada día la presión. Percibo que el trabajo no tiene todos sus frutos, o no puedo recogerlos con facilidad, lo que me irrita. Parece que cada día gano un poco, para perder otro poco. Es un equilibrio tan inestable. Nunca me había sentido igual. Nunca.
Son las 02:55. Parece que el sueño me va nublando las ideas. No he conseguido plasmar bien sobre el teclado cómo me siento. Tengo una tormenta de ideas azotando mi cabeza, como un tifón con toda su fuerza. Necesitaría días y noches para poder escribir qué es lo que se siente en esta situación...
martes, 30 de septiembre de 2014
"Hamistades" peligrosas
En el estado de abandono que este blog se encuentra, sería digno de una denuncia por abandono de menores y la acataría con la responsabilidad de un padre honesto. Gracias a Dios, no hay una policía bloguera que fiscalice los actos de abandono que, sobre nuestros antros de palabrería y perdición, cada uno de nosotros realizamos. Sin embargo, me hallo aquí de vuelta en este, mi lugar de reflexión. En el altavoz de mi aturullada mente. En el excusado donde deposito mi cagalera mental de vez en cuando.
Mi vuelta por estos lares es, cómo no, para hablar acerca de la paja ajena. Me encanta, los que me conocen lo saben y también saben que no tiene remedio. Así que, aclarado esto, dejemos de luchar contra los elementos y pongámonos, yo a escribir, vosotros a leer. Punto.
En esta ocasión, me gustaría hablar sobre el tan manoseado y sobrevalorado concepto de "amistad". ¿Qué es la amistad? El más simple contestará "tener muchos amigos". Alguien con un poco más de enjundia en la cabeza quizá pueda explicar que, amistad, es algo así como "tener alguien en quien confiar, alguien en quien apoyarse y alguien o algo a lo que agarrarse cuando la vida zozobra". Amigos...aquí vienen los problemas. Os lanzo una pregunta, para que la introduzcáis por unos segundos en vuestras ocupadas mentes: Cumpliendo los criterios de la segunda definición, ¿cuántos amigos os quedan?. Yo los cuento con los dedos de una sola mano y me sobran dos.
Así es amigos. Soy un puto triste. Sólo tengo tres amigos en mi vida. Tres personas por las que haría lo que fuera y en las que confío ciegamente. Tres personas a las que he perdonado muchas cosas y ellas me han perdonado otras tantísimas. Y vosotros, ¿a quiénes habéis perdonado más de dos y tres veces?, ¿en quién confiáis ciegamente?. Seguro que en muy pocos.
Entonces, retomando la definición simplista ("tener muchos amigos"), ¿por qué la damos por válida?. ¿Por qué consideramos como amigos a gente que sabemos que no va a dar un duro por nosotros o que, directamente, nos lo ha demostrado ya en varias ocasiones?. ¿Por qué seguimos tomando como amigos nuestros a esa gente?. ¿Qué nos lleva a no apartarla de nuestras vidas?. Esa misma pregunta me hago yo cada vez que intento echar mando de mis "amigos". Cada vez menos a menudo y casi de modo circunstancial, pero sigue ocurriendo.
Os estaréis preguntando cuáles son mis criterios a la hora de seleccionar personal para mi "selecto" grupo de amistades. A bote pronto, dos muy importantes: Interés por lo que nos atañe y esfuerzo por mantenerlo en lo más alto. Todo lo que no sea eso, no pasa el filtro. Lamentablemente, tengo muchos conocidos que deberían puntos en un examen acerca de esas cualidades. Muchos de esos "amigos", de los que alguna vez dependo para cualquier cosa. Lo curioso, es que muestran ese desinterés y esa "vaguería" a la hora de mantener la amistad (o esa sensación me da), no sólo conmigo si no con los que se supone también son sus amigos. Entonces, ¿cuál es su definición de amistad, la primera o la segunda?.
Me ha llevado años darme cuenta de que un 90% de la gente funciona así. Años con sus disgustos, pataletas, rabietas y "habersiquedamos" de por medio. Pero ahora, en este punto y lamentablemente, ha llegado la hora de concluir tras todos estos años que lo mejor es entrar en su dinámica. La de "amistad = tener muchos amigos" y tirar de todos ellos para beneficio propio, cuando me venga bien y si no cuesta mucho dinero. Para todo lo demás, están los amigos que son como los dedos de mi mano.
Enhorabuena si habéis llegado hasta estas últimas palabras ;-)
Mi vuelta por estos lares es, cómo no, para hablar acerca de la paja ajena. Me encanta, los que me conocen lo saben y también saben que no tiene remedio. Así que, aclarado esto, dejemos de luchar contra los elementos y pongámonos, yo a escribir, vosotros a leer. Punto.
En esta ocasión, me gustaría hablar sobre el tan manoseado y sobrevalorado concepto de "amistad". ¿Qué es la amistad? El más simple contestará "tener muchos amigos". Alguien con un poco más de enjundia en la cabeza quizá pueda explicar que, amistad, es algo así como "tener alguien en quien confiar, alguien en quien apoyarse y alguien o algo a lo que agarrarse cuando la vida zozobra". Amigos...aquí vienen los problemas. Os lanzo una pregunta, para que la introduzcáis por unos segundos en vuestras ocupadas mentes: Cumpliendo los criterios de la segunda definición, ¿cuántos amigos os quedan?. Yo los cuento con los dedos de una sola mano y me sobran dos.
Así es amigos. Soy un puto triste. Sólo tengo tres amigos en mi vida. Tres personas por las que haría lo que fuera y en las que confío ciegamente. Tres personas a las que he perdonado muchas cosas y ellas me han perdonado otras tantísimas. Y vosotros, ¿a quiénes habéis perdonado más de dos y tres veces?, ¿en quién confiáis ciegamente?. Seguro que en muy pocos.
Entonces, retomando la definición simplista ("tener muchos amigos"), ¿por qué la damos por válida?. ¿Por qué consideramos como amigos a gente que sabemos que no va a dar un duro por nosotros o que, directamente, nos lo ha demostrado ya en varias ocasiones?. ¿Por qué seguimos tomando como amigos nuestros a esa gente?. ¿Qué nos lleva a no apartarla de nuestras vidas?. Esa misma pregunta me hago yo cada vez que intento echar mando de mis "amigos". Cada vez menos a menudo y casi de modo circunstancial, pero sigue ocurriendo.
Os estaréis preguntando cuáles son mis criterios a la hora de seleccionar personal para mi "selecto" grupo de amistades. A bote pronto, dos muy importantes: Interés por lo que nos atañe y esfuerzo por mantenerlo en lo más alto. Todo lo que no sea eso, no pasa el filtro. Lamentablemente, tengo muchos conocidos que deberían puntos en un examen acerca de esas cualidades. Muchos de esos "amigos", de los que alguna vez dependo para cualquier cosa. Lo curioso, es que muestran ese desinterés y esa "vaguería" a la hora de mantener la amistad (o esa sensación me da), no sólo conmigo si no con los que se supone también son sus amigos. Entonces, ¿cuál es su definición de amistad, la primera o la segunda?.
Me ha llevado años darme cuenta de que un 90% de la gente funciona así. Años con sus disgustos, pataletas, rabietas y "habersiquedamos" de por medio. Pero ahora, en este punto y lamentablemente, ha llegado la hora de concluir tras todos estos años que lo mejor es entrar en su dinámica. La de "amistad = tener muchos amigos" y tirar de todos ellos para beneficio propio, cuando me venga bien y si no cuesta mucho dinero. Para todo lo demás, están los amigos que son como los dedos de mi mano.
Enhorabuena si habéis llegado hasta estas últimas palabras ;-)
viernes, 3 de enero de 2014
Carnaval todo el año.
A diario me encuentro con enormes cantidades de gente. Algunas personas pasan desapercibidas, otras llaman mi atención, para bien o para mal. Reconozco que muchas lo hacen para lo segundo, pues soy un crítico que no es capaz de encontrar la viga que tiene dentro de su ojo, pero detecta la más mínima paja en ojo ajeno. Cosas de serie.
Toda esa gente es desconocida por completo para mi, pero pese a ello, puedo distinguir en muchos de ellos cuánto de "gente sana" que no oculta nada, ni bueno ni malo, existe en su personalidad. El cálculo carece de precisión milimétrica alguna, pero normalmente no suelo fallar en mis predicciones. Si, tengo una capacidad, soy capaz de calcular cómo de gorda es la máscara que uno se pone a la hora de salir a vivir la puta vida que tenemos que vivir cada día.
Esa máscara es lo que centrará a partir de ahora mi parrafada de hoy. La pregunta fundamental que me hago es ¿Por qué hay gente que se la pone?. Algunos aludidos podrían decir si les nombrara, que de máscara ninguna, que ellos son claros como el agua. Precisamente considero que lo primero que salta a la vista de esta gente que sale con careta a la vida, es que no son conscientes de que la cuerda de la misma les está haciendo llaga en el cogote.
Nos pasamos la vida intentando ser mejores que nadie en todo. Mi coche es mejor que el tuyo, mi móvil es mejor que el tuyo, mis estudios son mejores que los tuyos, mi novia es mejor que la tuya, mi polla es mejor que la tuya...aunque nunca te la haya visto... Y en esa dinámica de "mejorcismo" se genera alrededor de nuestra persona una máscara que tapa lo que realmente somos. Pedazos de carne desvalidos, inseguros de nosotros mismos, en continua y ridícula competición no con los demás, si no con nuestra mentalidad de crío de 6 años que quiere tener el fuerte de playmobil porque su amigo de clase dice que el barco pirata mola más.
A algunos se les nota más, a otros se les nota menos, a otros poco o nada. No se en qué rango estoy. Pero seguro que alguna careta llevo, de modo inconsciente, como casi todos salvo los que a propósito se visten de carnaval a diario. Pero, los que llaman especialmente la atención, por lo ridículo, son aquellos a los que se les nota a kilómetros que toda su vida es un continuo baile de posturas y equilibrios, que no se sostienen por ningún lado, para parecer lo mejor de lo mejor de lo mejor. Tengo un compañero que cumple ese papel a la perfección. Desconozco el por qué lo desempeña. Pero él sabe que lo hace y si supiera que le estoy dedicando estas líneas, probablemente se sentiría ganador y se haría pajas durante un año pensando en esto. Mi compañero es consciente de su exageración por parecer perfecto. Y yo me doy cuenta de que simula y que él es consciente de que lo hace. Y las situaciones que se dan son desesperantes a la par que divertidas cuando uno las analiza al cabo de uno o dos días, con la cabeza más fría. Es tal el empeño de este personaje en parecer mejor que yo y que cualquiera, en lo suyo y en todo lo demás, que llega a plantear historias que, de ser ciertas, podrían servirle para utilizarlas como denuncia y que le pagaran una compensación que le permitiera jubilarse sin haber trabajado más de diez años.
Conozco más personas así. Aunque menos exageradas. Llama la atención el que se puedan dividir en dos tipos. Los que estudian o han estudiado conmigo y los que no. Los primeros, en su afán por ser los mejores dentro de su inventado estatus de "soy bueno porque estudio medicina", llegan a cometer tropelías y sandeces dignas de tira cómica. Entre ellas encontramos las típicas. "Yo no he estudiado", "Déjame apuntes del examen, una semana antes", "Yo no voy a prácticas nunca"...O incluso "Yo acabo de terminar la carrera, no tengo ni puta idea de nada como todo Dios, pero lo 'parto' en los exámenes de generalidades (por llamarlo de algún modo y para que todo el mundo me entienda) que me ponen en el lugar en el que me preparo la oposición a médico pardelas, traecafés y chupaguardias". En el segundo grupo de personas, encuadro a mi compañero ya citado en el párrafo anterior, quien tras meses de análisis, he llegado a la conclusión de que se ha sentido toda la vida y en especial estos últimos 7 años, por debajo de todo bicho viviente y en especial de mi, y todavía desconozco por qué. El caso es que para paliar esa carencia de autoestima o de capacidad, sobreexplota las propias y las infla hasta el esperpento, como ya he comentado. También en el segundo grupo de personas existe algún conocido quien, también por motivos que desconozco pero que creo suponer, intenta siempre estar un escalón por encima mía en todo lo que está a su alcance, porque es capaz de conocer sus resultados y los míos en esas cosas que quedan a su alcance.
¿Qué hay de malo en que uno lleve máscara por la vida?. Mucho y poco. Mucho, porque uno no se muestra auténtico y hace de su vida una historia paralela a la vida real. Mucho porque, en el afán por mostrarse superior, puede llegar a herir o a hacer sentirse raro a la gente que le rodea. Con comentarios salidos de tono, con sus continuos aires de grandeza, con ese cansino intento de hacer de menos lo ajeno y sobreestimar lo propio. Poco, porque si uno anda listo, tiene el radar a tono y es capaz de detectar y obviar las gilipolleces, tomándoselas a cachondeo, el papel de estos personajes queda reducido a algo meramente gracioso que pasa de vez en cuando por delante de la vida de uno. No sabemos si con intención de ponernos a prueba el radar y la paciencia, o con la intención de hacernos pasar un buen rato escondido en forma de reto para nuestra avidez e inteligencia.
En definitiva, señores y señoritas. Si queréis máscara, id a una fiesta de disfraces. Para el resto del tiempo, sed auténticos y, si sois conscientes de que estáis mintiendo para parecer especiales o mejores, plantearos que la solución no consiste en simular si no en actuar para conseguir que esa mentira se haga realidad. Será entonces cuando, conseguido el objetivo, éste te parezca tan normal que saldrá solo el evitar pavonearse por haberlo conseguido.
Felicidades si habéis llegado hasta el final ;-)
Toda esa gente es desconocida por completo para mi, pero pese a ello, puedo distinguir en muchos de ellos cuánto de "gente sana" que no oculta nada, ni bueno ni malo, existe en su personalidad. El cálculo carece de precisión milimétrica alguna, pero normalmente no suelo fallar en mis predicciones. Si, tengo una capacidad, soy capaz de calcular cómo de gorda es la máscara que uno se pone a la hora de salir a vivir la puta vida que tenemos que vivir cada día.
Esa máscara es lo que centrará a partir de ahora mi parrafada de hoy. La pregunta fundamental que me hago es ¿Por qué hay gente que se la pone?. Algunos aludidos podrían decir si les nombrara, que de máscara ninguna, que ellos son claros como el agua. Precisamente considero que lo primero que salta a la vista de esta gente que sale con careta a la vida, es que no son conscientes de que la cuerda de la misma les está haciendo llaga en el cogote.
Nos pasamos la vida intentando ser mejores que nadie en todo. Mi coche es mejor que el tuyo, mi móvil es mejor que el tuyo, mis estudios son mejores que los tuyos, mi novia es mejor que la tuya, mi polla es mejor que la tuya...aunque nunca te la haya visto... Y en esa dinámica de "mejorcismo" se genera alrededor de nuestra persona una máscara que tapa lo que realmente somos. Pedazos de carne desvalidos, inseguros de nosotros mismos, en continua y ridícula competición no con los demás, si no con nuestra mentalidad de crío de 6 años que quiere tener el fuerte de playmobil porque su amigo de clase dice que el barco pirata mola más.
A algunos se les nota más, a otros se les nota menos, a otros poco o nada. No se en qué rango estoy. Pero seguro que alguna careta llevo, de modo inconsciente, como casi todos salvo los que a propósito se visten de carnaval a diario. Pero, los que llaman especialmente la atención, por lo ridículo, son aquellos a los que se les nota a kilómetros que toda su vida es un continuo baile de posturas y equilibrios, que no se sostienen por ningún lado, para parecer lo mejor de lo mejor de lo mejor. Tengo un compañero que cumple ese papel a la perfección. Desconozco el por qué lo desempeña. Pero él sabe que lo hace y si supiera que le estoy dedicando estas líneas, probablemente se sentiría ganador y se haría pajas durante un año pensando en esto. Mi compañero es consciente de su exageración por parecer perfecto. Y yo me doy cuenta de que simula y que él es consciente de que lo hace. Y las situaciones que se dan son desesperantes a la par que divertidas cuando uno las analiza al cabo de uno o dos días, con la cabeza más fría. Es tal el empeño de este personaje en parecer mejor que yo y que cualquiera, en lo suyo y en todo lo demás, que llega a plantear historias que, de ser ciertas, podrían servirle para utilizarlas como denuncia y que le pagaran una compensación que le permitiera jubilarse sin haber trabajado más de diez años.
Conozco más personas así. Aunque menos exageradas. Llama la atención el que se puedan dividir en dos tipos. Los que estudian o han estudiado conmigo y los que no. Los primeros, en su afán por ser los mejores dentro de su inventado estatus de "soy bueno porque estudio medicina", llegan a cometer tropelías y sandeces dignas de tira cómica. Entre ellas encontramos las típicas. "Yo no he estudiado", "Déjame apuntes del examen, una semana antes", "Yo no voy a prácticas nunca"...O incluso "Yo acabo de terminar la carrera, no tengo ni puta idea de nada como todo Dios, pero lo 'parto' en los exámenes de generalidades (por llamarlo de algún modo y para que todo el mundo me entienda) que me ponen en el lugar en el que me preparo la oposición a médico pardelas, traecafés y chupaguardias". En el segundo grupo de personas, encuadro a mi compañero ya citado en el párrafo anterior, quien tras meses de análisis, he llegado a la conclusión de que se ha sentido toda la vida y en especial estos últimos 7 años, por debajo de todo bicho viviente y en especial de mi, y todavía desconozco por qué. El caso es que para paliar esa carencia de autoestima o de capacidad, sobreexplota las propias y las infla hasta el esperpento, como ya he comentado. También en el segundo grupo de personas existe algún conocido quien, también por motivos que desconozco pero que creo suponer, intenta siempre estar un escalón por encima mía en todo lo que está a su alcance, porque es capaz de conocer sus resultados y los míos en esas cosas que quedan a su alcance.
¿Qué hay de malo en que uno lleve máscara por la vida?. Mucho y poco. Mucho, porque uno no se muestra auténtico y hace de su vida una historia paralela a la vida real. Mucho porque, en el afán por mostrarse superior, puede llegar a herir o a hacer sentirse raro a la gente que le rodea. Con comentarios salidos de tono, con sus continuos aires de grandeza, con ese cansino intento de hacer de menos lo ajeno y sobreestimar lo propio. Poco, porque si uno anda listo, tiene el radar a tono y es capaz de detectar y obviar las gilipolleces, tomándoselas a cachondeo, el papel de estos personajes queda reducido a algo meramente gracioso que pasa de vez en cuando por delante de la vida de uno. No sabemos si con intención de ponernos a prueba el radar y la paciencia, o con la intención de hacernos pasar un buen rato escondido en forma de reto para nuestra avidez e inteligencia.
En definitiva, señores y señoritas. Si queréis máscara, id a una fiesta de disfraces. Para el resto del tiempo, sed auténticos y, si sois conscientes de que estáis mintiendo para parecer especiales o mejores, plantearos que la solución no consiste en simular si no en actuar para conseguir que esa mentira se haga realidad. Será entonces cuando, conseguido el objetivo, éste te parezca tan normal que saldrá solo el evitar pavonearse por haberlo conseguido.
Felicidades si habéis llegado hasta el final ;-)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)