No falla. Las supersticiones son supersticiones y, como tales que son, algún hipocondríaco las puede llevar al extremo pero, si se manejan con cautela, su certeza es escalofriante. Y es que, el dogma de fe que dice que el número 13 es "el de la mala suerte", no falla y tiene una precisión que ni el mejor de los relojes suizos jamás inventado. Y por el hecho de que lleva un 13 como una casa, el año que mañana por fin termina ha sido nefasto en todos los aspectos. Si alguien no está de acuerdo que se levante de su butaca y salga de la sala. Se le devolverá el importe de su paciencia en horas de asueto frente al monitor del PC.
El año que mañana termina ha sido un año en el que se ha continuado el esperpento a gran escala en la sociedad española, en su política y en otros muchos aspectos. Ha sido un año en el que se ha constatado el garrulismo ilustrado del españolito medio, de su ceguera congénita y de su actitud pasiva ante todo. Ha sido un año en el que se ha verificado con absoluta crueldad que la clase política de éste país carece de escrúpulos y que su único fin es llenarse los bolsillos a manos llenas, piratear al máximo, enchufar a todo conocido que pueda favorecerle en un futuro o al que deba algún favor y que en un 90%, está compuesta por auténticos necios que carecen de conocimiento acerca de la vida más allá de sus butacas. Por no hablar de la nula formación o validez para el puesto de muchos ("Relaxing cup of café con leche" y tal...)
Éste año ha sido, por desgracia, un año en el que el garrulo español ha sido machacado hasta la extenuación en aspectos tan importantes como los derechos básicos. Se le ha intentado, aunque sin éxito de momento, sabotear su acceso a una sanidad pública y universal. Se ha sacado adelante una ley retrógrada que regula el aborto y deja el derecho a decidir de las mujeres de éste país en bolas, a la altura de 1985. Se ha aprobado como válido un texto en el que se tipifica como delincuente a todo español, con un par de dedos de frente, cabreado y distinto a la media garrula, que decida salir a la calle a protestar, que decida hacer constar con imágenes la brutalidad aplicada por los sicarios del Estado. Se ha propuesto raspar, en época de crisis, al máximo la famosa fecha de caducidad de los alimentos, se ha llamado aventureros a los jóvenes que se marchan de aquí por pura necesidad, se ha llamado pandereteros a la gente que salía a la calle a protestar contra la enésima y más restrictiva reforma de la enseñanza...Y podía continuar hasta mañana enumerando el sinfín de despropósitos que todos hemos podido oír a lo largo de este año.
Pero no todo lo malo ha sido cosa de los políticos. Casi todo no. Pues el garrulo medio que habita España ha puesto de manifiesto su condición abarrotando plazas y calles para celebrar las victorias de sus equipos de fútbol favoritos. Ha hecho cola en Doña Manolita, dos horas nada menos, para comprar un puto décimo de Lotería, después de hacer otras dos horitas o más para que la Esteban les firmara personalmente su Best Seller. Ha confirmado su neanderthalismo mental consagrando como estrellas de la música a personajes como Paquirrín o Juan Magán. Ha consumido horas y horas delante del televisor viendo los ya más que refritos realities, de toda índole y a cuál más ridículo.
Algunos me llamarán pesimista o exagerado. Tal vez, pero es que siempre digo que cuando el río suena, es porque agua lleva...Y este río viene cargado de ella y está a punto de inundarlo todo, si no lo ha hecho ya.
Feliz año, garrulos.
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