El futuro. Esa entidad caprichosa, que juega con nuestra mente, con nuestra personalidad, con nuestro humor, con nuestra paciencia...Con todo aquello relativo a nosotros y a nuestro bienestar a nivel psicológico. Ese "algo", etéreo, del que todo el mundo espera sus resultados y nunca nadie los sabe. Es difícil acertar qué ocurrirá en el futuro. Muy difícil en el más lejano, algo menos en el que existe a medio plazo. Quizá más sencillo el acierto en el futuro a corto plazo. O no. No siempre es fácil predecir qué nos va a pasar de aquí a un corto período de tiempo. Dos o tres meses, por ejemplo. En ocasiones ni el mejor y más intrépido de los jugadores sería capaz de apostar todo a la última mano del póker de su futuro.
La incertidumbre que se genera alrededor del desenlace final puede ser en ocasiones asfixiante. Estar muerto en vida. Tener trabajando al 100% las funciones vitales más básicas, pero quedar dilapidado el concepto de "persona" , quedando en su lugar solamente una sombra de ella, entretenida en deshojar la margarita de los días que quedan para un agridulce desenlace.
Es esa incertidumbre la que, cruel y vilmente, estruja la vida del que la padece. Juega con su presente, escondiéndole el futuro. Corta, uno a uno, los hilos con los que controla su destino una persona, haciendo que éste quede a merced del azar, del capricho, de lo que sea... Sumiendo al muerto en vida en una especie de torbellino de sensaciones con la impotencia como máximo exponente. Haciendo que éste no pueda si no esperar a que el futuro, esa entidad caprichosa, se convierta en presente y la incertidumbre que trae consigo se disuelva convirtiéndose a su vez en el, hasta entonces turbio, desenlace.
No hay comentarios:
Publicar un comentario